Así, acordamos con ambos ingenieros que nuestra sede fuera el centro de acopio. Ahí repartiríamos alimento (para caninos, felinos y aves) restante que traíamos en la camioneta. Nos facilitaron una lancha con motor para transportar nuestro cargamento.
Durante el día, trabajadores de la obra y población se percataron de nuestra presencia por lo que se ha estado corriendo la voz de que el alimento está ahí a su disposición. Asimismo se lo hicimos saber a los dueños de los animales que permanecen en el pueblo abandonado.
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